El tiempo y sus metáforas lingüísticas: Cómo alcanzar la productividad extraordinaria

Por el Enero 11, 2017

“El tiempo, el implacable, el que pasó…”.

Después de haber asistido al seminario de “Las 5 elecciones hacia la productividad extraordinaria”, salí como se debiera salir de un buen seminario: lleno de dudas. No solamente por las reflexiones acerca de en qué ocupamos / preocupamos cada uno nuestro tiempo, que no es poco.

Cuando me volví a sentar ante mi ordenador, volví a la realidad. Artículos por escribir, ofertas pendientes a clientes amigos, poner al día temas administrativos, visitas importantes, asistencia a congresos… y ¡el Outlook! ¡Más de cien mensajes a responder!

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En ese momento entró un compañero pidiendo ayuda para un tema importante y urgente (para él) que yo podría haberle ayudado a resolver en poco tiempo (de mi tiempo). Ante la cantidad de trabajo mío pendiente le contesté lo primero que me vino a la cabeza: “Mañana lo vemos”. Protestó, me habló de su importancia, me volvió a pedir datos,… pero yo seguía impertérrito. “No te preocupes, que mañana lo vemos”.

¿Hay forma más elegante de decirle a alguien que me importa un pito sus problemas, que mi tiempo es mucho más importante que el suyo y que me deje en paz? Mi compañero me dejó solo con mi Outlook y descubrí un mensaje urgentísimo e importantísimo, tanto como para tener que pedir ayuda a la superioridad.

Llamé por teléfono a mi jefe que, en ese momento estaba en una reunión igualmente importantísima y urgentísima (para él, no para mí). Atendió mi llamada muy educadamente y me dijo: “Estoy reunido, pero no te vayas sin verme”.

Agradecí que mi jefe tomara interés por mis problemas, pero me quedé un poco perplejo y con dudas. Mi decisión dependía de la suya y no tenía ni idea del tiempo que podría transcurrir desde ese momento hasta que me pudiera reunir con él, analizar el tema y optar por la mejor solución posible. Por supuesto que no me iba a ir sin verle, pero tenía también que ir a buscar a mi mujer que venía de viaje, preparar la merienda al niño, hacer algo de footing,….. y todo quedaba pendiente de la duración de su reunión y del tiempo que tardásemos en encontrar la mejor la solución al problema.

¡Aquí me hubiese gustado ver a Jesús Miguel, el formador del curso!

En esas andaba, cuando entró la secretaria preguntándome por el formato de un informe que tenía que presentar a un cliente. Entonces entraron en mi cabeza a la vez, y sin guardar turno ni orden, mi jefe, mis clientes, mi mujer, mi hijo, el Outlook, Jesús Miguel, mi secretaria, el informe, la oferta,…. Y le respondí lo primero que se me ocurrió: “Ahora no puedo verlo, pero luego te busco”.

Al final, como suele suceder, las cosas se arreglaron, todo se solucionó (aunque llegué tarde a recoger a mi mujer y  tampoco pude hacer footing), pero se me quedaron rondando por la cabeza esas tres metáforas en las que, con la excusa del tiempo, enviamos mensajes muy distintos.

Cuando decimos “mañana lo vemos”, en realidad decimos “déjame en paz, rata inmunda, y no oses ocupar mi tiempo con tus tonterías”.

Cuando decimos “no te vayas sin verme”, en realidad decimos, “entiendo la importancia de lo tuyo, pero primero está lo mío, ¡qué te crees!”.

Cuando decimos “luego te busco”, en realidad decimos, “tu tiempo me importa un pito, pero tienes que estar pendiente de mí porque luego iré a buscarte… ¡y no se te ocurra no estar”.

El tiempo, el tiempo…. ¡qué extraordinaria excusa para manifestar el poder!

Autor: Javier Nieto – Consultor Director de Cegos España.

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